Una vez más se abre el telón. Como tambores anunciando una orquesta, los reflectores se encendieron y toda la carpa se iluminó. El polvo se eleva por el aire y de las butacas sumidas en la oscuridad salen aplausos. Los ojos enrojecidos del payaso lloran de emoción y una sonrisa revela sus dientes podridos. Con gracioso andar se acerca al centro de la carpa y, rodeado de elefantes, animales, piruetas y músicos, da la bienvenida al público a la función de Media noche en el circo de lo obsceno. Da vueltas sobre sí mismo, pareciera que se fuera a caer, pero al último momento recobra el balance y vuelve a mecerse del otro lado, casi cayéndose otra vez.
Su maquillaje está corrido y de su peluca verde sobresale una cabeza calva humana. El color de su ropa había perdido la magia desde hace años. Comienza a decir tonterías y sigue meciéndose. El público le aplaude y se emociona con su ridículo caminar. Los animales del circo parecieran observar al payaso en el centro de la carpa que comenzó a trepar un poste con una escalera que llegaba hasta el techo.
A tropezones, el payaso tenía miedo de caer y a esa altura todo le daba vueltas, pero escuchaba los aplausos, los gritos, las risas y los animales que lo alentaban a seguir con su acto. Con un gran valor, estupidez o locura, ascendió hasta la parte más alta de la carpa, a un viejo trampolín de madera despintado por el uso. Dio un paso y al tratar de avanzar su pie se frenó y todo su cuerpo se fue hacia adelante, había pisado una de sus agujetas y caído boca abajo sobre la tabla vieja que hacía de trampolín. El público suspiró y quedó en silencio, hasta que el payaso se puso de pie, luego todos aplaudieron y volvieron a ser felices.
El payaso sonrió a la multitud, estirando sus brazos, mostrando sus ropas descoloridas y, sin pensarlo, dio un brinco en el trampolín que lo elevó hasta que rozó la carpa con sus brazos y dando vueltas cayó al suelo en menos de un parpadeo, rompiendo su botella de whisky casi vacía en mil pedazos. Nadie nunca encontró el cuerpo del payaso, ya nadie entraba al viejo circo, estaba abandonado hacía muchos años y tampoco nadie vio el último acto del payaso.
Texto hecho por Poukii para el Circo.